11.2.14

El contagio del cine español

La noche del domingo la pasé trabajando, que es como hay que pasar las noches de los domingos. Pero dejé abiertas dos ventanitas, a las que me asomaba de vez en cuando. Una daba a la retransmisión de los Goya; la otra a Twitter, donde se comentaba mayormente la retransmisión de los Goya. De la primera ya se ha dicho todo, aunque habrá que volver a decirlo (¡y lo diré, en el último párrafo!). De Twitter, en cambio, se ha hablado menos, porque suele ser Twitter el que habla.

Había tres grandes tipos de tuits. El primero, minoritario, era el de los que se tomaban en serio la ceremonia, celebraban los premios en serio y sentían un aprecio (¡en serio!) por el cine español: unos extraterrestres que se estaban tragando la película. El segundo (el mío, o el que quiero mío; aunque esta vez no puse nada), el de la fiesta dionisíaca de la ingeniosidad y el sarcasmo, el de la trituradora humorística, que por lo general se ríe pero que discrimina (se trata de una trituradora con algo de estilete) y, cuando la ocasión lo reclama, no renuncia a las caídas sentimentales. Y el tercero, el de los sectarios del anticine español. Entre estos hay algunos divertidos (¡y amigos míos!), pero casi todos son de una ramplonería, de una quejumbre, de una obediencia a los tópicos, de una falta de imaginación, de brillo y de verosimilitud, que parecieran haberse contagiado irremisiblemente del cine español.

En cuanto a la ceremonia: pues eso, lo de siempre. Los españoles no parecemos dotados para el espectáculo, y la peculiaridad de los Goya es que quienes lo confirman son los españoles que han escogido dedicarse al espectáculo. Este año los malos de la película fueron la Coca-cola y el ausente Wert. Sin que llegaran a erigirse en buenos la Pepsi ni los anti-Wert. Al final lo mejor fue la frase que David Trueba recordó del gasolinero de Almería, que llevaba el aroma de cuando en el cine español se colaba el pueblo: “Este es un país rico, porque llevan cuatrocientos años robando y no se ha acabado”. Y lo peor, que Juan Diego Botto se quedase sin premio y sin hablar. Ahí España entera tuvo un gatillazo, apostaría que hasta Wert.

[Publicado en Zoom News]