19.12.12

Páginas amigas

Iñaki Uriarte (sobre cuyos Diarios escribí aquí y aquí) ha publicado en el nuevo número de Clarín una selección de notas inéditas de sus diarios posteriores, referidas a lecturas. Merece la pena hacerse con la revista solo por ellas: son una delicia, en el mismo tono (y nivel) de lo que ya conocíamos. Los lectores de Uriarte teníamos una única duda: si el saber de nuestra existencia le estropearía el estilo. En la primera nota, que me permito reproducir, vemos que no: la nueva circunstancia la ha incorporado con naturalidad, y él ha seguido escribiendo en el espacio que le quedaba; que por fortuna es mucho todavía.

PABLO ME REGALÓ “EL CUADERNO ROJO”, una breve y graciosa autobiografía de Benjamin Constant. Compré también su “Diario íntimo”, recién traducido.

Un año después de haber comenzado el diario, Constant lo relee. “Me divierte pasablemente hacerlo”, dice. Y añade: “Al comenzar me había prometido no hablar sino para mí, y sin embargo es tal la influencia del hábito de hablar para la galería, que por momentos lo he olvidado”.

Yo estoy seguro de que ahora escribo menos páginas en estos archivos porque tengo galería. A los tres amigos habituados a leer cada año algunas de ellas, se han sumado los lectores de “Clarín”.

Constant no permitió leer el diario a nadie y no se preocupó de que se conservara tras su muerte. Sólo se publicó en 1952. Era lo habitual entonces, en la “época del secreto”, como la llama Lejeune, un siglo que va desde 1780 a 1860, más o menos, cuando los Goncourt editaron su libro. En aquel siglo se escribían muchos diarios íntimos, pero a nadie se le pasaba por la cabeza la idea de publicarlos o de que algún día se publicaran. Lejeune dice que el diario de Constant es al diario moderno lo que las “Confesiones” de Rousseau a la autobiografía moderna. Su origen y modelo. Añade que el diario íntimo le sirvió a Constant para “examinarse en secreto”, “construirse una memoria” y “afrontar el futuro”. Lo de “examinarse en secreto” a mí ya no me vale. Tengo galería.
Su actitud es la más sencilla, y por ello escasamente practicada. El problema lo ha solventado con un salto limpio. Se trataba de no ignorar lo que había pasado: de acoger el nuevo dato, y seguir.

Estas "Notas de lectura" de Uriarte las he tenido en el pendrive durante la semana que he pasado en Madrid, sin encontrar el momento de entrar en una copistería para que me las imprimieran. Por fin lo hice ayer en mi primer paseo por Málaga. Me senté en una terraza con las hojas, me pedí un whisky y las leí. Felicidad al momento. Sensación de haber regresado y de estar con un amigo: compañía desde Bilbao (¡y Benidorm!), por el papel.

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(21.12.12) Josepepe en su blog: "Estas hojas uriartísimas".