26.3.09

Moscas de Cadaqués

Terminado el sugerente Duchamp en España, de Pilar Parcerisas. La autora repasa la relación de Marcel Duchamp con España, pero centrándose (con acierto, porque hace que el libro gane profundidad y significación) en el comentario de las obras surgidas o culminadas aquí; sobre todo, With My Tongue in My Cheek, Sculpture-morte, Torture-morte, Étant donnés y la chimenea final (¡anaglifa!). Había olvidado que el Nu descendant un escalier se expuso en Barcelona en 1912; y me ha gustado recordarlo porque fue en Barcelona donde vi el verano pasado mi primera gran exposición sobre Duchamp (donde se encontraba casi todo, entre originales y copias certificadas, menos curiosamente ese desnudo). También me he enterado de que Duchamp pasó por Málaga en su viaje de 1929 junto a Katherine Dreier. De hecho, Málaga fue la primera población española que visitaron, procedentes de Gibraltar. Aquella vez estuvo también en Granada, Ronda, Sevilla, Toledo y Madrid. Regresó en 1933, a Cadaqués. Y en Cadaqués pasó con su esposa Teeny los últimos once veranos de su vida, de 1958 a 1968. Duchamp decía que venía a ser "un artista en la sombra", lo que incluía (muy duchampianamente) su sentido literal: "Permanezco en la sombra. Es maravilloso. Todo el mundo, por el contrario, toma el sol para broncearse; es algo que me horroriza". Es casi lo mismo que escribió Cioran durante su estancia en Ibiza en 1966: "He venido aquí por el sol, y no puedo soportar el sol. Todo el mundo está bronceado; yo debo mantenerme blanco, pálido". Duchamp sale en un par de fotos con un sombrero de ala anchísima y en otra aparece bajo una enorme sombrilla, que él mismo lleva al hombro. Es preciso dejar constancia de ello en una bitácora que está bajo la advocación de su aprendiz al sol.

Con el ciclista ético podría asociarse también Torture-morte, que ilustra esta entrada: la planta del pie es justo lo que pedalea. Ese pie es un molde del del propio Duchamp, que completó así el recorrido artístico-corporal empezado por su coronilla. Las moscas tienen un papel justamente estelar en este libro, al igual que Salvador Dalí. De éste se reproduce un pasaje genial de Je mange Gala [Me como a Gala], que evoca una excursión al Cabo de Creus con Gala y Duchamp en 1933. De aquella experiencia surgieron obras como Cisnes reflejando elefantes, en la que está Duchamp, al parecer orinando en las rocas de la izquierda. En cuanto a las moscas: para Dalí son "las musas del Mediterráneo que llevaban la inspiración a los filósofos griegos que pasaban las horas muertas, tumbados al sol, cubiertos de moscas". "En un pueblo como Cadaqués", escribe Luis Romero, "escaso de agua y abundante de pescado que se limpiaba a la orilla misma del mar o a la puerta de las casas, las moscas eran una presencia obsesionante". Y el biógrafo Tomkins: "El apartamento que ocuparon los Duchamp aquel primer verano se encontraba justo encima de un establo de burros. No tenía vistas al mar ni agua corriente, pero sí una cocina económica, colchones de paja y muchas moscas (de los burros), pero Teeny estaba encantada". De modo que Duchamp tomó las moscas y las puso en su obra (en su planta muerta): siempre cazando al vuelo.

13.3.09

Anestesista Maeso

Hablando de multitudes, creo que fue el ministro Sebastián (o quizá haya que ir diciendo el pre-ex-ministro Sebastián) quien sugirió que con todas las estatuas de Franco que se están retirando podría montarse un ejército como el de los soldados chinos de terracota. Me parecería la mejor salida para el stock; y de paso el mejor monumento antifranquista posible: el dictador ridiculizado mediante su repetición ad nauseam. Quizá hasta podría patrocinarlo Naturhouse: un regimiento de gorditos camino de la dieta (¡del régimen!).

Pero la medida antifranquista más inquietante, por lo sutil, es la que han tomado en Sevilla. Resulta que a la calle José María Pemán le han puesto ahora calle Escritor José María Pemán. ¡Ahí ha habido un cerebro, alguien capaz de captar que la indicación del oficio del homenajeado supone una degradación! Al tiempo que se le homenajea, se transmite el mensaje de que nadie sabe, en realidad, quién diablos es. Hacer eso con alguien como Pemán, del que, aunque ya no se le lea, todavía se recuerda su profesión, es, literalmente, embalsamarlo en la plaquita... Pero cuando ni siquiera se sabe quién es el homenajeado, el efecto es atroz: ahí queda el cascarón, la carcasa del nombre, después de que su obra se haya perdido. De Málaga la calle que más me conmueve es Cómico Riquelme. Cada vez que puedo, paso por la calle Cómico Riquelme, que atravieso siempre aplastado por la melancolía: es una calle fea y la impregna una sombra de payaso triste y de penuria. Hay otra que conozco desde niño, la calle Compositor Lehnberg Ruiz, sin haber pensado jamás que, realmente, tales apellidos correspondían a uno que componía música. Por eso me sobresalté la otra tarde al escucharlos en Radio 2, donde emitieron una de sus composiciones (que no me pareció recordable). Al cabo, creo que sería más compasivo poner el nombre a secas: que el transeúnte sepa que fracasaste, pero no en qué.

En cambio otros sí deberían ir por siempre asociados a su oficio, como un baldón. Por ejemplo: calle Showman Milikito. O calle Caricato Wyoming. O calle Cantante Melódico Dyango. O calle Cantautor Víctor Manuel. O calle Rockero Mike Ríos. O calle Periodista Buruaga. O calle Superviviente Urdazi. O calle Intelectual De Toro. O calle Presentador Pepe Navarro. O calle Director de Cine Médem. O calle Escultor Lorenzo Quinn... Pero lo que más me gustaría sería una calle Anestesista Maeso. De hecho, debería haber en cada ciudad española una calle Anestesista Maeso. El Anestesista Maeso es, de hecho, el español más sintomático de nuestros días: un tristón panfilote que, por dejadez, por comodidad, por pereza, va y te mata. ¡Pido una calle Anestesista Maeso ya! ¡Hay que crear, una, mil calles Anestesista Maeso! ¡Que ninguna localidad española, por pequeña que sea, se quede sin su calle Anestesista Maeso! Y ya, de paso, que le erijan montones de estatuas (ecuestres o no), con vistas a retirarlas todas en el futuro y formar un ejército de Anestesistas Maesos de terracota... ¡El ejército de la muerte lacia!